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EN
UN LUGAR SOLITARIO(IN A LONELY PLACE) (1950)
FICHA
TÉCNICA
Director:
Nicholas Ray
Guión:
Andrew Solt, basado en la novela homónima de Dorothy B. Hughes
Vestuario: Jean Louis
Decorados: William Kiernan
Director artístico: Robert Peterson
Fotografía: Burnett Guffey
Montaje: Viola Lawrence
Sonido: Howard Fogetti
Música: George Antheil
Director musical: Morris Stoloff
Intérpretes: Humphrey Bogart (Dixon Steele), Gloria Grahame (Laurel
Gray), Frank Lovejoy (Brub Nicolai), Carl Benton Reid (capitán
Lochner), Art Smith (Mel Lippman), Jeff Donnell (Sylvia Nicolai),
Martha Stewart (Mildred Atkinson), Robert Warwick (Charles Waterman),
Morris Ankrum (Lloyd Barnes), William Ching (Ted Barton), Steven
Geray (Paul).
PREMIOS
OSCAR 1950
Película:
Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz)
Director: Joseph L. Mankiewicz (Eva al desnudo)
Actor principal: José Ferrer (Cyrano de Bergerac)
Actriz principal: Judy Hollyday (Nacida ayer)
Actor secundario: George Sanders (Eva al desnudo)
Actriz secundaria: Josephine Hull (El invisible Harvey)
Película más galardonada: Eva al desnudo. 5 Oscars.
SINOPSIS
Dixon
Steele es un conflictivo guionista de Hollywood que apenas cree
en nada, sólo en sí mismo, encerrado en su ego, como una cárcel
que le impide ver a los demás, hasta que una mujer le hace mantener
nuevas ilusiones, que se verán destrozadas por su propia violencia,
una violencia que tiene tanto que ver con su temperamento como
con una visión excesivamente subjetiva del mundo.
COMENTARIO
En
un lugar solitario, que Bogart produjo y que Nicholas Ray dirigió
espléndidamente dejándose la piel y más de un rasgo autobiográfico
en ella, sin dejar de ser una película negra, es, sobre todo,
una de esas estupendas historias que Hollywood, en el pasado,
ha contado sobre sus propias miserias: sobre las miserias y grandezas
de la industria del cine, sobre su gente. Un film que está perfectamente
dialogado y en el que no sólo se disecciona con cierta crueldad
el mundo del cine, sino que se hace una reflexión sobre el papel
que el guionista desempeña en todo ese tinglado.
Un
guionista que se ve obligado a extraer una buena historia de novelas
insignificantes, que agentes y productores le obligan a leer.
Dixon Steele, nuestro antihéroe, es un guionista buscador de oro
que aborrece vender su alma al diablo por acercarse a los demás,
padecer la peor de las oscuridades conocidas, la soledad plural,
la concurrida. La soledad de no cruzarse nunca una mirada que
le haga soportar que todo sea tan torpe, tan vulgar; unos ojos
que duden, como los suyos, más del bien que del mal. Vive el amor
con furia, con dolor, con vasto pesimismo, y con poquita esperanza
de triunfar en la calma, en la serenidad que tanto cuesta y tanto
desespera al llegar, por no ser, como todo, como uno desearía
que fuera.
Y
es que la calma es pausa, es silencio, es la capacidad de atrapar
el momento y mirar dentro, por si estás. Escuchar con los ojos
abiertos, parar, y no siempre hay ganas de probar suerte fuera
del infierno. El ruido y el desorden nos protegen de la verdad
y el miedo, nos aturden, nos tapan los ojos con las dos manos
pare poder cruzar. Dixon tiene su paso, sus miradas, su calma,
deseo de escapar. Desarraigado y siempre atento, su sensibilidad
le hace filtrar cualquier error. La violencia es sólo una manera
de demostrar su rabia contra actitudes deshonestas, un camino
mal visto de regañar al prójimo por su torpeza, pero que para
él no es más que una reacción incontrolada e incapaz de llegar
al final.
Compatible
con gestos de grandeza y generosidad con los más débiles, fracasados,
vagabundos, mujeres rotas por dentro o por fuera... Ternura y
sensibilidad que a veces se transforma en ganas de matar, precisamente
por comprender al débil y detestar al que confunde fortaleza y
vulgaridad. El guionista Dixon Steele de En un lugar solitario
está siempre presente, ocupa una gran parte de la narración, pero
es entrevisto, atisbado, acosado por la mirada de los demás.
Se
trata de un retrato, pero más de una personalidad que de un destino
ejemplar condicionado por factores externos. Bogart parece adoptar
desde el inicio esa máscara que le va a convertir en espectáculo
ante los demás, una máscara que levantará ante nosotros en varias
ocasiones, pero que no le servirá para abrirse al mundo. Quizás
se comprenda mejor a sí mismo, pero sigue siendo un hombre incapaz
de comprender sus relaciones con los demás, de adaptarse al mundo;
por lo menos, de comprender sus límites y de establecer un compromiso
entre su temperamento y los demás.
Pocas
veces el encuentro de una persona con todo el poder, como Humphrey
Bogart tenía a finales de los años cuarenta, significó tanto para
alguien como para Nicholas Ray. Sus dos primeras películas, a
pesar de la fuerza y belleza de Los amantes de la noche (1948)
y Un secreto de mujer (1949), tuvieron una tibia acogida por parte
del público y de la crítica americanos. Es posible que Ray hubiera
salido con el tiempo del estrecho círculo de la serie B.
Pero
fue su encuentro con Bogart, personaje con el que le unían tantos
caracteres comunes, y, sobre todo, un temperamento apasionado
y anticonvencional de primer grado, lo que decidió su carrera.
Asociados, hicieron dos películas de éxito que, además, llamaron
la atención de la crítica: Llamada a cualquier puerta (1949) y
En un lugar solitario (1950). Esta colaboración con una de las
más grandes estrellas de aquel momento le permitió arraigarse
en la profesión, aunque nunca tuviera fácil su continuidad y los
problemas con los productores se sucedieron una y otra vez, y
en pocas ocasiones gozó de los medios y la libertad necesarios,
hasta convertirle en un cineasta maldito, admirado y respetado
en Europa, pero nunca considerado en América, hasta que se convirtió
en un mito.
A
ello contribuyeron títulos de la calidad de Nacida para el mal
(1950), Infierno en las nubes (1951), Johnny Guitar (1954), Rebelde
sin causa (1955), Más poderoso que la vida (1956), Amarga victoria
(1957), Chicago, años 30 (1958), Rey de reyes (1961) o 55 días
en Pekín (1963), y actores del renombre de Joan Fontaine, Robert
Ryan, John Wayne, Susan Hayward, Robert Mitchum, Joan Crawford,
Sterling Hayden, James Cagney, James Dean, Natalie Wood, James
Mason, Walter Matthau, Richard Burton, Robert Taylor, Anthony
Quinn, Charlton Heston, Ava Gardner o David Niven, además de los
mencionados Humphrey Bogart y Gloria Grahame.
De
Bogart poco hace falta decir. Es un actor de sobra conocido, de
los más míticos que Hollywood nos ha dejado. Especializado en
papeles secundarios en películas de gángsters, su carrera cambió
de forma radical tras protagonizar Casablanca. A partir de ahí,
se convirtió en una de las estrellas más cotizadas.
En
1951 la industria del cine reconoció su labor con el Oscar al
mejor actor por su interpretación en La reina de África. Más desconocida
es Gloria Grahame, una de las mejores y más polifacéticas actrices
que ha habido en el Séptimo Arte. Casi siempre en papeles secundarios,
destacan en su filmografía películas como Cautivos del mal (1952),
por la que recibió un Oscar, o Los sobornados (1953).
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