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Por
una empinada cuesta se llega a las puertas de lo que fue el Castillo
de Montilla .
El edificio más importante que existió en esta localidad fue su
alcázar, morada de los Fernández de Córdoba desde 1371, en el
reinado de Enrique II.
Este
castillo fue uno de los mejores fortificados de toda Andalucía,
y ocupaba la parte alta de la colina en la que se asienta Montilla.
Las murallas estaban flanqueadas por torres que se llamaban: la
Dorada, la del Sol, del Centinela, de Defensa, Minerva, Antonina,
Diana, Escuchuela, Homenaje, Alta, Mayor, de los Escudos, del
Miedo, Marte y Troyana.
Se
sabe que solía contener dentro hasta 400 caballos y habitualmente
contaba con 300 soldados, además de la servidumbre del palacio.
Entre las numerosas estancias destacaban los que llamaban de Juntas,
Sueño, Secreto, Registro y Dorado, en la torre de su nombre, que
daba hospedaje a los invitados. En las dependencias de la torre
de Marte se acogió a los Reyes Católicos y a la Reina de Nápoles
en 1491y comentando el Rey Fernando sobre la estrechez de la escalera
adújole Alonso de Aguilar: Señor, quien la hizo no esperaba
huésped tan ancho.
En
este Castillo nació Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán
el 16 de marzo de 1453. En él vivió hasta la edad de 14 años en
que es enviado a Ávila para acompañar al Infante Don Alonso. En
1474 es llamado por la Reina Isabel de Castilla, ya casada con
Don Fernando de Aragón. Participó en la guerra que Doña Isabel
mantuvo con Portugal, en la batalla de Albuera. En la guerra de
Granada se distinguió en cuantos laces se halló. Fue elegido por
su talento y conocimiento de la lengua árabe para ajustar con
el rey Boabdil de Granada las Capitulaciones para entregar el
reino granadino. Fue enviado como capitán general para socorrer
a los monarcas Fernando y Alfonso de la invasión francesa en 1495.
Todo fueron victorias y en la Capitulación de Atella se hizo constar
el nombre de el Gran Capitán.
Recibió
numerosos títulos y honores y entró en Roma como los antiguos
Césares tras liberar la ciudad, siendo recibido por el Papa.
A
la muerte de la reina Isabel, Don Gonzalo perdió el escudo que
lo defendía de la envidia de los cortesanos que hostigaban al
Rey, y éste le fue retirando su confianza.
En
1508, Don Pedro Fernández de Córdoba, sobrino del Gran Capitán,
propietario del Castillo de Montilla, tuvo un enfrentamiento con
los legados del rey, por lo que éste quiso dar escarmiento, y
entre otros castigos, mandó derribar el Castillo.
El
Gran Capitán suplicó al Rey, pero ya se había propuesto castigar
a la nobleza andaluza y darle escarmiento con este acto, disgustados
con el Rey por su especial predilección por la nobleza castellana
y aragonesa.
La
pena de muerte impuesta a Don Pedro Fernández fue conmutada por
el destierro perpetuo de Córdoba, fuerte multa, la entrega al
Rey de todos los castillos y la completa demolición de la importante
fortaleza de Montilla.
Se
verificó tan destructora obra el 19 de julio de 1508, tomando
parte 3.000 personas, todos forasteros, pues a pesar de los 30
maravedíes de pago señalado, no se presentó ningún montillano.
En el derribo se ocasionaron bastantes muertos al rodar las piedras
y escombros por la vertiente.
Dentro
del recinto se construyó una gran nave en 1722 para almacenar
el grano. Estas dependencias también se han utilizado como bodega.
En
el viejo Alholí o granero, y en armonía con todo el recinto, se
proyecta el Museo del Vino de Andalucía. Se tratará de un Museo
del Vino en general, donde el visitante podrá obtener información
del vino en el Mundo, en Europa, en España, en Andalucía y por
supuesto de la Denominación de Origen Montilla-Moriles, a la que
se prestará mayor atención.
En
la misma cuesta del Castillo está la cancela que da acceso al
monumento al Corazón de Jesús. En alto pedestal de piedra
caliza se alza una grandiosa imagen tallada por el escultor local
Don Manuel Garnelo y Alda en 1940.
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