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Saliendo
de San Luis, a
nuestra izquierda nos tropezamos con el valor artístico
monumental más significativo de Montilla. Declarado
Monumento Histórico Nacional, la iglesia y convento de Santa
Clara , fue mandada construir por el marqués don Pedro para
convento franciscano. Pero una de sus hijas, María Jesús, optó
por la vida monástica, y después de la estancia en el noviciado
de Andújar, regresó a Montilla con ocho religiosas y junto
a tres profesas más, entre las que se encontraba su hermana Isabel,
para constituir esta primitiva comunidad, el 12 de julio de 1525.
Se
trata del conjunto artístico más importante de Montilla, no sólo
por su traza arquitectónica,
sino por la riqueza que guarda en su interior. Se trata de una
construcción cerrada al exterior. Sólo hay tres puertas,
y una de ellas da al patio de entrada, desde donde se accede a
la iglesia, al torno y al locutorio .

La
primitiva traza se atribuye a Hernán Ruiz I. La iglesia consta
de una sola nave cubierta de artesonado mudéjar, con dos
puertas laterales, una de ellas con gran portada
de gótico florido o plateresco . La iglesia cuenta con
dos coros tras las rejas.
El
retablo del más puro estilo barroco, no corresponde a la fundación
del templo. Parece que el primitivo se perdió en un incendio.
El que vemos del siglo XVIII es de un maestro de la escuela de
Hurtado. En el centro está la Inmaculada, y a los dos lados, San
Diego del Alcalá, San Francisco Solano, Santa Clara y San Francisco
de Asís.
El
presbiterio está separado por un arco labrado en piedra con filigrana.
A los lados del mismo hay dos retablos barrocos con San José
y Santa Ana, de Gaspar Lorenzo de los Cobos.
Los
laterales del templo se encuentran flanqueados por retablos con
imágenes de San Francisco de Asís, San Pedro de Alcántara, de
Pedro de Mena, y San Buenaventura, procedente del desaparecido
convento de San Lorenzo.
En
el lateral derecho se encuentra el púlpito cargado de historia.
En él predicaron San Juan de Ávila, San Francisco Solano, San
Francisco de Borja, y San Juan de Dios.
Completan
la decoración de la iglesia numerosos cuadros que hacen referencia
a la vida de Santa Clara.
En
el coro bajo y sacristía se suceden pinturas e imágenes de gran
valor artístico de los siglos XVI, XVII, XVIII, destacando una
escultura de Santa Clara, de Pedro de Mena.
El
claustro consta de varios cuerpos de doble planta alrededor de
tres patios. El principal de línea toscana con influencia mudéjar,
contiguo al templo, precede a las diversas dependencias, algunas
de las cuales tiene magníficos artesonados y conservan cuantiosas
obras de interés artístico.
Por
todo el convento hay pequeños oratorios y capillas profusamente
decoradas, destacando la del Padre de Familias y la Celda oratorio
de la Condesa de Feria. Entre las muchísimas obras de arte que
contiene el convento, destaca la de San Juan Bautista Niño y San
Juan Evangelista, ambas de Pedro Roldán.
Merecen
especial atención una treintena de pequeñas esculturas policromadas
en madera o en barro cocido, de la imagen del Niño Jesús.
En
el refectorio se encuentra un enorme lienzo de Cornelio Schutt,
fechado en 1679, con el tema de la Santa Cena.
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